Evolución histórica de las identidades “colla” y “camba” en Bolivia

Por Agustín PC, profesor de Historia y Filosofía

Los términos colla y camba han ocupado un lugar central en Bolivia como expresiones de identidad regional. Sin embargo, su uso no ha estado exento de conflictos. A lo largo del tiempo, estas palabras pasaron de nombrar procedencias territoriales (el altiplano y las llanuras orientales) a cargar con significados sociales, políticos e incluso raciales. En muchos casos, son empleadas para marcar diferencias y jerarquías, reproduciendo prejuicios que aún alimentan la división simbólica entre el occidente y el oriente boliviano.

El presente ensayo busca analizar el origen histórico, social y cultural de ambos términos, así como su transformación semántica y simbólica a lo largo del tiempo. Se pretende mostrar cómo colla y camba pasaron de ser expresiones identitarias legítimas a términos usados de forma peyorativa, y cómo posteriormente fueron resignificados como emblemas de orgullo regional. Por ello, a través de este breve recorrido histórico, se reflexiona sobre la necesidad de superar los estigmas heredados y valorar la diversidad como fuerza de integración y no como motivo de división nacional.

1. El origen del término “colla”

El término colla proviene del antiguo Collasuyo, una de las cuatro regiones del Imperio incaico (Tahuantinsuyo). Esta comprendía el altiplano y parte de los Andes centrales, incluyendo el actual occidente boliviano. Por ello, colla pasó a designar a los pueblos andinos de habla aymara y quechua, asociados históricamente con La Paz, Oruro y Potosí. En ese sentido, “ser colla” era, en origen, una designación geográfica y cultural, no social ni racial.

Durante la Colonia y la República, el vocablo adquirió una carga social y de clase: comenzó a utilizarse para referirse al indígena o campesino del altiplano. Como señala el sociólogo Fernando Mayorga (2004), “el regionalismo boliviano no sólo es territorial, sino también simbólico: expresa jerarquías sociales y raciales internalizadas”. Así, el término colla pasó de ser identidad territorial a convertirse, en ciertos contextos, en estigma social, sobre todo cuando era usado por sectores urbanos o del oriente con sentido despectivo.

Sin embargo, desde mediados del siglo XX, con la emergencia de los movimientos campesinos e indígenas, el término fue resignificado positivamente. Volvió a expresar orgullo cultural, resistencia y pertenencia a la herencia andina. Como diría René Zavaleta Mercado (1983), “lo indio y lo popular dejaron de ser lo otro para convertirse en el sujeto histórico de Bolivia”.

2. El origen del término “camba”

Por su parte, el término camba tiene un origen distinto. Proviene probablemente del guaraní antiguo, donde kamba significa “negro” o “persona de piel oscura”. En tiempos coloniales, se usaba para designar a los afrodescendientes y mestizos del oriente boliviano, especialmente en Santa Cruz, Beni y el Chaco. En ese entonces, ser llamado camba tenía connotaciones negativas, pues se asociaba con esclavos o sectores de baja condición social.

Con el paso del tiempo, el vocablo fue perdiendo su sentido racial y ganando valor simbólico. Durante el siglo XX, se consolidó como símbolo de identidad cruceña y oriental, expresando orgullo por el trabajo, la autonomía y la hospitalidad. Como afirma Xavier Albó (1990), “la identidad camba surge como respuesta afirmativa frente al desprecio centralista y al olvido estatal”. Así, lo que fue un insulto se transformó en bandera cultural y regional.

La RAE define el término Camba como “Indígena o mestizo del oriente de Bolivia" y “Persona o forma de vida típica del oriente de Bolivia”; y Colla, como “Dicho de una persona: De los pueblos diaguitas, omaguacas, atacamas, quechuas o aimaras, asentados en la Puna” y Persona que ha nacido o vive en la región occidental de Bolivia”.
3. Connotaciones contemporáneas

Hoy, los términos colla y camba coexisten en el lenguaje cotidiano y político del país. Ambos designan más que procedencias: reflejan visiones del mundo. Sin embargo, cuando se usan como etiquetas excluyentes, reabren heridas históricas. La antropóloga Silvia Rivera Cusicanqui (2010) advierte que “los regionalismos bolivianos son también discursos de poder, que clasifican y jerarquizan lo nacional”.

En el siglo XXI, los procesos políticos y económicos han reavivado estas tensiones. El discurso regionalista se mezcló con rivalidades partidarias, y el “ser colla” o “ser camba” a veces se utiliza como sinónimo de adhesión o rechazo político. Este uso desvirtúa el sentido original de ambos términos, reduciendo la identidad a un instrumento de división.

Conclusión

Los términos colla y camba surgieron de contextos históricos distintos —el incaico y el guaraní—, pero se consolidaron en Bolivia como marcadores de identidad y, al mismo tiempo, como reflejo de las fracturas sociales del país. Su resignificación contemporánea muestra que las identidades no son estáticas: cambian con la historia y pueden ser reapropiadas para afirmar orgullo, dignidad y pertenencia.

Superar las connotaciones negativas implica reconocer en la diversidad la raíz de la unidad nacional. Como sugiere Zavaleta, “Bolivia es una sociedad abigarrada, pero no por eso fragmentada, sino llena de posibilidades de integración”. Comprender el recorrido histórico de colla y camba es un paso hacia esa integración: la de una nación que se reconoce plural, pero unida en la dignidad y en la historia compartida de su pueblo.

Referencias
  • Albó, X. (1990). Identidad y cambio cultural en los Andes. CIPCA.
  • Mayorga, F. (2004). Regionalismo y política en Bolivia contemporánea. PIEB.
  • Rivera Cusicanqui, S. (2010). Ch’ixinakax utxiwa: Una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores. Tinta Limón.
  • Zavaleta Mercado, R. (1983). Lo nacional-popular en Bolivia. Siglo XXI.

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