Los bolivianos y las bolivianas, ¿votamos con el corazón, con el cerebro o con el hígado?

En Bolivia, la política sigue marcada por la polarización y la desconfianza. Las elecciones ya no se viven como simples ejercicios democráticos, sino como batallas emocionales donde cada sector busca reivindicar o castigar. Entre el desencanto con los partidos tradicionales, la crisis económica y el descrédito de las instituciones, el ciudadano vota más desde el sentimiento que desde la reflexión. En este escenario, las pasiones pesan tanto o más que las ideas.

En este contexto la democracia boliviana parece moverse más por pasiones que por razones. Durante décadas, el voto en nuestro país ha oscilado entre la esperanza, la identidad y el castigo. Rara vez ha predominado el análisis frío de programas y propuestas.

Voto como emoción

Evo Morales en 2005 es un ejemplo claro: su triunfo se construyó en la conexión emocional con los sectores populares, más que en una plataforma técnica. El corazón pesó más que el cerebro. Como señala Fernando Mayorga, “el liderazgo de Morales se basó en la identificación simbólica con los sectores subalternos más que en la racionalidad programática” (Mayorga, 2010). Es decir, la emoción colectiva fue el verdadero motor del voto.

Voto como revancha

En contraste, los comicios de 2019 reflejaron un voto visceral. Más que apoyar un proyecto alternativo, buena parte del electorado buscó frenar la continuidad de Morales. Fue un voto del hígado, un castigo antes que una propuesta. Carlos Toranzo lo resume con claridad: “en Bolivia, muchas veces se vota no por convicción sino por bronca” (Toranzo, 2020). Este tipo de voto punitivo, más emocional que reflexivo, expresa el cansancio social frente al poder prolongado.

El 2020: el péndulo del castigo y el rechazo al discurso confrontacional

La elección de 2020 confirmó nuevamente esta lógica pendular. El MAS volvió al poder con una victoria clara, impulsada no solo por la lealtad de su base social, sino también por el descontento hacia el gobierno transitorio de Jeanine Áñez. Los casos de corrupción, especialmente el escándalo que involucró al ministro Arturo Murillo, deterioraron la credibilidad del gobierno.

A ello se sumó el discurso confrontacional de parte de la oposición, que atacó a analistas, medios de comunicación y profesionales, descalificando méritos y opiniones. Esa actitud generó más división que confianza. En consecuencia, muchos votantes, decepcionados y molestos, terminaron respaldando al MAS como una forma de castigar el estilo agresivo y excluyente de la alternativa opositora. Fue otro voto del hígado, más emocional que racional.

Un patrón repetido

Tanto la derecha como la izquierda han recibido este voto cargado de resentimiento. Unos son castigados por neoliberalismo y exclusión; otros, por autoritarismo y corrupción. En ambos casos, la emoción predomina sobre la razón. Ya lo anticipaba René Zavaleta Mercado al describir la “masa en movimiento” como “una fuerza social guiada más por la experiencia inmediata y la emoción que por la conciencia política organizada” (Zavaleta, 1983).

En conclusión, a la luz de la historia reciente, se confirma que los bolivianos votamos principalmente al calor de las emociones y en venganza contra el adversario político, sea este de derecha o de izquierda. Como advierte Toranzo, la política boliviana sigue “oscilando entre el voto del corazón y el voto del hígado, con escaso espacio para la razón”.

El desafío es aprender a equilibrar corazón y cerebro, dejando fuera el hígado, para construir una democracia menos polarizada y más estable.

Pero, ¿cómo lograrlo? La clave está en educar la conciencia crítica desde la escuela, la familia y los medios, fomentando el análisis antes del prejuicio y el debate antes del insulto. Formar ciudadanos que sepan informarse, contrastar fuentes y discernir más allá de la emoción inmediata es el primer paso.

Solo una ciudadanía con pensamiento crítico, libre del miedo y del fanatismo, podrá votar no por venganza ni por idolatría, sino por convicción y por el bien común. Esa será la verdadera madurez democrática de Bolivia.

Referencias

  • Mayorga, F. (2010). Democracia y liderazgo en Bolivia. La Paz: Plural Editores.

  • Toranzo Roca, C. (2020). Política, polarización y sociedad boliviana. La Paz: Fundación Friedrich Ebert.

  • Zavaleta Mercado, R. (1983). Lo nacional-popular en Bolivia. México: Siglo XXI Editores.

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