Por aGusTín PC
El propósito de este ensayo es analizar qué significan realmente estas categorías y cómo han sido distorsionadas por los discursos partidistas y las frustraciones colectivas. Si se sigue así no se podrá superar las etiquetas y los prejuicios históricos que solo dividen al país. En vez de seguir estigmatizando al otro, nuestro país necesita reenfocar el horizonte político hacia el progreso común, la justicia social y la libertad individual: una mejor calidad de vida para todos.
1. Breve historia de estas dos ideologías políticas
Los términos “izquierda” y “derecha” nacieron durante la Revolución Francesa (1789), cuando en la Asamblea Nacional los partidarios del cambio social se sentaron a la izquierda del presidente, y los defensores del orden tradicional a la derecha. Con el tiempo, esta disposición simbólica se transformó en una distinción ideológica: la izquierda abogaba por la igualdad, la justicia social y la intervención del Estado; la derecha, por la libertad individual, la propiedad privada y el orden.
En América Latina, la historia de estas ideologías se entremezclan con los populismos, las dictaduras y los procesos de dependencia económica. En Bolivia, desde la Revolución Nacional de 1952 hasta hoy, los gobiernos han oscilado entre políticas estatistas e intentos liberalizadores, sin lograr estabilidad institucional. Como decía Zavaleta Mercado (1983), “Bolivia es una sociedad abigarrada, donde conviven distintos tiempos y proyectos políticos”. Esto significa que nuestro país no ha sido de derecha ni de izquierda plenamente, sino una mezcla inestable de ambos discursos.
2. En la actualidad: ideologías convertidas en estigmas
Hoy, los conceptos de derecha e izquierda están vaciados de contenido. En el discurso público, “derecha” se asocia a oligarquía o racismo; e “izquierda”, a corrupción o autoritarismo. En realidad, lo que impera no es una ideología clara, sino un sentimiento político emocional y reactivo. La gente vota más por rechazo al otro que por convicción.
Lo que era debate ideológico se ha convertido en confrontación visceral. Algunos se autoproclaman “de izquierda” solo por oponerse al liberalismo económico, y otros “de derecha” solo por rechazar al populismo gobernante. En ambos casos, hay una falta de formación política que impide un debate maduro y sincero.
El politólogo Carlos Toranzo (2012) sostiene que en Bolivia “la política se volvió un espacio de pasiones, no de razones”, donde las identidades políticas se construyen más por emociones que por principios. Las redes sociales amplifican esta tendencia, generando bandos irreconciliables que confunden patriotismo con fanatismo. En este contexto, las etiquetas ya no sirven para construir país, sino para dividirlo. Por tanto el reto no es ser de derecha o izquierda, sino ser racional y tener madurez política-democrática.
3. Los modelos económicos asociados a estás ideologías
La derecha suele identificarse con modelos como el liberalismo y el neoliberalismo, que priorizan la libertad individual y el libre mercado. El libertarismo, más radical y reciente, propone un Estado casi inexistente, confiando en la autorregulación social y económica. En cambio, la izquierda abarca el socialismo, que defiende la propiedad colectiva o estatal de los medios de producción; la socialdemocracia, que busca equilibrar mercado y justicia social; y el comunismo, que idealiza una sociedad sin clases (Al día de hoy no hay ejemplos de países comunistas).
4. ¿Cuál es el reto?: superar la polarización y encontrar el punto de equilibrio
No pertenecer o identificarse con la izquierda o derecha se suele tachar de “tibieza o conveniencia". Sin embargo, el centro político no es una posición débil o tibia, como a veces se cree, sino una apuesta por la prudencia y el equilibrio. Reconoce que tanto la libertad como la igualdad son valores esenciales y que el Estado debe garantizar ambas sin caer en los excesos del colectivismo o del individualismo.
En este sentido, el filósofo Karl Popper (1945) advertía que “el enemigo de la sociedad abierta no es solo el totalitarismo, sino también el fanatismo ideológico”. Superar la polarización exige educar políticamente al ciudadano para que pueda juzgar políticas por sus resultados, no por sus etiquetas. El verdadero progreso no tiene color político, sino compromiso ético con el bien y la libertad.
En conclusión, ser de derecha, del centro o de izquierda debería implicar un compromiso ético con el bien común, no una trinchera de odio para polarizar la sociedad de un país. Ninguna ideología tiene el monopolio de la verdad ni de la moral. Como recordaba el filósofo Norberto Bobbio (1996), “la diferencia esencial entre derecha e izquierda está en la actitud frente a la igualdad”, pero ambas son necesarias en equilibrio para sostener una democracia madura. Bolivia necesita ciudadanos que piensen, que tengan capacidad crítica, no fanáticos que repitan consignas ni votantes viscerales.
Superar el estigma y la polarización ideológica significa entender que el progreso no pertenece a ningún partido, sino a todos. El reto de nuestra generación no es elegir un color político, sino construir un país donde la libertad y la justicia social caminen juntas. Solo así podremos decir, con dignidad y conciencia, que nuestra verdadera ideología es Bolivia, no desde la revancha ideológica sino desde la reconciliación.
Referencias
Bobbio, N. (1996). Derecha e izquierda. Madrid: Taurus.
Mayorga, F. (2018). Democracia y populismo en Bolivia. La Paz: Plural.
Toranzo, C. (2012). Política y ciudadanía en Bolivia. La Paz: PIEB.
Zavaleta Mercado, R. (1983). Lo nacional-popular en Bolivia. La Paz: Siglo XXI.
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